Sólo un paso entre lo cotidiano y lo delicioso. El jardín de Bosco es así, o al menos es así como lo tengo en mi memoria, delicioso, una mezcla difusa entre un bar del centro de tribunal y el bar de tus sueños, ese que dibujas en tu mente cuando piensas simplemente en disfrutar de una bebida y de una conversación, de un mojito con miles de sabores o sólo uno. En el jardín de bosco querían una nueva imagen, un logotipo que hablara de un montón de cosas, que gritara la expresión más personal de lo que yo considero elegancia y que no olvidara ninguno de los colores que pintan la paleta de la felicidad, de esa felicidad con la que te vistes siempre que vas a ese bar de ese amigo tuyo, ese bar donde nunca preguntas “qué hora es”, ese lugar donde no hace falta preguntar “dónde estás” para saber que estás en el lugar adecuado.

Jardín de bosco