Siempre insisto en que las tarjetas de visita pueden, y deben ser, lo más personales posibles, algo con lo que te sientas identificado, una pequeña extensión de ti mismo incluso.
María me contó que cuando vio el diseño se quedó mirándolas durante 30 minutos (quizás estaba exagerando), y que sintió que, aunque ese día estaba resultando un poco desastroso, las cosas podían mejorar. Me dijo también que en su mente la tarjeta iba a tener tonos azules, pero que no quería decírnoslo antes para ver qué le mostrábamos, ella creía en la magia, así que no podíamos hacerlas de otra manera que no fueran… azules.

“Pon todo lo que eres en todo lo que hagas.”

 

Diseño de tarjeta de visita